
En la primera mitad del siglo XX arribò a La Habana procedente de España el jòven Josè Maria Lòpez Lledìn lleno de ilusiones y avido por hacer fortuna.
Empezò a trabajar en un banco y al poco tiempo tuvo un desliz amoroso con la esposa de un poderoso hombre de negocios. La vida le jugò una mala pasada y fue a parar a la càrcel. Una vez en libertad quedò afectado de sus
facultades mentales, se vistiò de frac y una larga capa ambos de color negro. Asi comienza la leyenda del Caballero de Paris.
Empezò a desandar por las calles de La Habana Vieja, Centro Habana y El Vedado. Iba haciendo historias de caballeros y espadas autoproclamàndose heredero de un gran tìtulo nobiliario. En algun momento de su vida sus lugares preferidos fueron las esquinas de las calles 23 y 12 e Infanta y San Làzaro.
Comìa donde podìa y dormìa en los parques, portales de las iglesias y de cafeterìas.
Nunca aceptò limosnas, regalaba una flor, una estampa, un trozo de papel o un recorte de un viejo periòdico a quienes se le acercaban. Querido y respetado por todos le abriamos el paso a lo que èl respondìa con un gesto de elegante nobleza.
Recuerdo cuando era niña pedir a mis padres que me llevaran donde El Caballero para saludarlo, quedaba extasiada contemplando aquel personaje con su largo y canoso cabello asi como su prolongada barba.
Ya anciano fue internado y cuidado con esmero en el hospital Psiquiàtrico de La Habana.
Un tiempo antes de morir se le hizo un homenaje en el Palacio de los Capitanes Generales donde se develò una escultura suya y la banda municipal tocò para tan digno y noble ser humano.
Una de sus ultimas expresiones antes de morir fue: "...ya estos no son tiempos de caballeros..."
La imagen que publicamos aqui es una escultura en bronce de tamaño natural que se encuentra a la entrada de la sala de conciertos del convento de San Francisco de Asis, asi continùa caminando por las calles nuestro Caballero.
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domingo 20 de mayo de 2007
Ya estos no son tiempos de caballeros...
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